Lavar los pies cada día con jabón antiséptico y agua templada.
Secar perfectamente las uñas. La humedad puede alterar la lámina de la uña y la cutícula, pudiendo favorecer el desarrollo de infecciones.
Evitar andar descalzo por lugares con riesgo de infección como piscinas, duchas y jardines.
Cortar las uñas rectas utilizando un instrumento adecuado como cortaúñas, alicates o unas tijeras de punta roma. Se aconseja cortar después del baño.
Proteger las uñas de disolventes y detergentes agresivos, ya que pueden dañar la lámina ungueal.
Aplicar cremas hidratantes para suavizar y mantener sanas las cutículas. Se pueden utilizar productos para estimular el crecimiento, evitar estrías y reforzar las uñas.
No abusar del esmalte, ya que reseca la uña y la deteriora. Los quitaesmaltes de acetona dañan la uña.
No se debe eliminar la cutícula, ya que aumenta la posibilidad de contraer infecciones.
Elegir zapatos anchos, cómodos y flexibles. Las uñas no deben estar presionadas por el calzado.
Consultar al podólogo o dermatólogo ante cualquier observación de anomalías en las uñas (uñas frágiles, dolor, cambios en el color…).