La necesidad de tener las uñas sanas

1 de junio de 2011

por Marilar Rosell

UCV

            Uñas de verano: “Llega el buen tiempo y con él lucen en los escaparates de todas las zapaterías esas sandalias que no puedo dejar de mirar. Quiero vestir mi pie de verano, dejar que todos mis dedos se estiren y no rocen y que mis uñas luzcan como nunca. Pero… ¿qué le pasa a mis uñas? Están amarillas, despegadas, engrosadas, sin brillo… Pero no pasa nada: voy a que me las pinten, y ya está”.

 

Esta situación se repite hasta la saciedad en los periodos pre-estivales. Y con la solución de urgencia a la incómoda situación lo único que hemos hecho es tapar una enfermedad de la uña, que no solo supone un problema estético, puesto que la uña desempeña otras funciones que se alteran o se pierden cuando están enfermas. Todo ello afecta nuestra calidad de vida y también nuestra autoestima, sin dejar de mencionar la segura incapacitación para otras labores de cada día. Necesitamos que nuestras uñas estén sanas, y con ello no queremos únicamente decir que no duelan—el dolor ya sería un signo de alarma—. Es hora ya de prestar atención a esas uñas maltratadas por un calzado inadecuado, por ese corte impreciso, y por esas lacas ungueales que no caducan nunca y permanecen en nuestras uñas tiempo y tiempo, desvitalizando nuestra placa ungueal, volviéndola amarilla y predisponiéndola a la colonización de los hongos.

 

Es importante un correcto diagnóstico y tratamiento de las enfermedades ungueales, desde traumatismos, deformidades congénitas, hasta aquellas alteraciones que podrían estar relacionadas con enfermedades sistémicas, sin olvidar los tumores ungueales.

 

Las infecciones fúngicas de las uñas han de confirmarse por cultivo para descartar otras patologías que pueden confundirse con dichas infecciones por hongos, donde las uñas aparecen engrosadas por soriasis, circulación periférica deficiente o por una incorrecta higiene ungueal.

 

Debemos cuidar nuestras uñas durante todo el año y no solo darnos cuenta al acercarse el verano de que nuestros dedos de los pies tienen uñas. Podemos empezar a cortarlas adecuadamente rectas, y no necesariamente una vez a la semana, sino cuando estén lo suficientemente largas para mantener el borde libre del dedo cubierto por la lámina ungueal y así proteger  el extremo de todos los dedos. La uña normal del pie crece en su totalidad 12/18 meses—el crecimiento medio es de 3mm/mes—.

 

No podemos empujar las cutículas de las uñas de los pies porque provoca traumatismos en la matriz ungueal causando estrías y manchas blancas.

 

Las uñas tienden a secarse lo que puede conducir a su rotura. Tenemos que hidratar nuestras uñas, existen lociones útiles para favorecer dicha hidratación, pero atención, todas aquellas cremas que lleven urea podrían reblandecerlas en exceso. Utilizaremos aquellas lociones que contengan vaselina o lanolina o humectantes como la glicerina. Existen lacas ungueales que pueden reparar uñas traumatizadas por golpes y estrías. Podemos adornar nuestras uñas con lacas, retirando el producto de forma continua. Cabe recordar que las lacas ungueales muy fuertes —negras, rojos intensos…—llevan colorantes que dejan nuestra lámina ungueal amarillenta. Podemos protegerla con un esmalte de brillo y luego aplicar dichas lacas.

Las uñas postizas pueden dar problemas con el pegamento utilizado, por ello hay que retirarlas a las 18 horas de ponerlas. Las uñas de gel pueden dar alergias. Si estás en tratamiento porque tu uña tiene hongos, puedes pintarte también las uñas; puedes seguir ciertas instrucciones que encontrarás en el interior de cada envase o consultarlo con el podólogo, y así no tendrías que dejar el tratamiento en verano. Si tus uñas se clavan o encarnan, deberías intentar reeducarlas, mirando bien cual es la causa del problema. Habla con tu podólogo/a y él/ella dará con la mejor solución. Si los métodos no cruentos fracasan, puedes recurrir a la intervención quirúrgica más adecuada para tu problema.