
La forma más común de contagio es a través del contacto con superficies que hayan sido previamente infectadas, como puede suceder en las piscinas, baños públicos, playas, gimnasios, jardines, animales de compañía y probarse calzado sin protección, manipulación inadecuada de la uña o con instrumentos de cortar contaminados con hongos de otras personas. Los hongos se reproducen a través de esporas y esas esporas se adhieren a la uña manteniéndose vivas gracias a las condiciones que favorecen su desarrollo.
La onicomicosis no es una alteración de origen genético, aunque hay una serie de enfermedades predisponentes que provocan problemas circulatorios periféricos que afectan a las uñas o disminución de las defensas del organismo y por tanto aumentan la probabilidad de infección. Son: diabetes, enfermedades neurológicas, enfermedades arteriales, enfermedades de la sangre y enfermedades que afectan al sistema inmunológico.
Otros factores de riesgo son: el uso de calzado inapropiado que impida la transpiración del pie, la sudoración, los lugares húmedos de uso común (gimnasios, piscinas, saunas, etc.) y los traumatismos.
La onicomicosis en los pies puede ser más frecuentes en personas que practican deportes. En cambio, quienes realizan tareas domésticas presentan mayor afectación de las uñas de las manos.
Aunque no provoca síntomas alarmantes de dolor, ni alteración del estado general, puede causar problemas en la vida social y profesional al limitar el desempeño de ciertas actividades para las cuales la estética es importante.
Normalmente los signos comienzan con una afectación parcial de la uña que con el tiempo se extenderá hasta afectar a la matriz o zona del nacimiento de la uña.
Los signos más frecuentes que aparecen son los cambios en la forma de la uña (aspecto leñoso), cambios de color (pasa a ser amarillento, parduzco), aumento de grosor, mayor fragilidad y desprendimiento.
Hay una gran cantidad de alteraciones ungueales que ofrecen semejanzas desde el punto de vista clínico y este hecho influye de manera determinante en la dificultad de establecer el diagnóstico correcto. A pesar de ello, el diagnóstico puede realizarse sobre la base de la apariencia de las uñas por un especialista.
Para un diagnóstico fiable lo correcto es realizar diferentes técnicas (examen directo de fragmento de la uña en microscopio y cultivo de la muestra) que confirmen la onicomicosis y el hongo responsable de la enfermedad. La toma se obtiene mediante raspado o cortando un fragmento de la uña afectada.
- Extremar las medidas de higiene personal: lavar frecuentemente los pies y secarlos adecuadamente antes de ponerse los calcetines y el calzado, especialmente las zonas entre los dedos.
- Tomar medidas de precaución en lugares públicos como piscinas, gimnasios, duchas, etc.
- Usar calzado adecuado que permita transpirar al pie.
- Utilizar calcetines de algodón o de lana. Cambiarlos frecuentemente y siempre que estén húmedos.
- Evitar acciones y calzados que traumaticen la uña.
- Consultar rápidamente a su podólogo o especialista ante los primeros signos de cambio de coloración, grosor o alteración de la uña.
El tratamiento de la onicomicosis requiere una gran dedicación y constancia, ya que suelen ser tratamientos de larga duración. En las infecciones superficiales y cuando la afectación de la uña no es muy extensa (si no afecta a la matriz) suele ser suficiente el tratamiento tópico, con una duración aproximada de 6 meses para las manos y hasta 9 meses para los pies.
Por eso es tan importante el diagnóstico precoz, acortará considerablemente el tiempo de tratamiento y en la mayoría de los casos será suficiente un tratamiento tópico, evitando la necesidad de combinarlo con sistémico.
La tiña del pie o el pie de atleta es la infección micótica más frecuente. Es una infección producida por hongos (habitualmente dermatofitos) que provocan lesiones dérmicas entre los dedos y en las plantas de los pies. Es característico tener picor en la zona afectada.
Es más frecuente en personas con una sudoración excesiva de los pies, que acudan regularmente a gimnasios, piscinas, duchas comunes o en personas que no se secan correctamente los pies. Aunque las personas que practican deporte son especialmente vulnerables, cualquier persona la puede padecer, siendo las afectadas de diabetes, enfermedades neurológicas, enfermedades arteriales, enfermedades de la sangre y enfermedades que afectan al sistema inmunológico, la que puedan padecer con más facilidad este tipo de infección.
En estos casos es conveniente volver al especialista que se lo indicó, para que le confirme el diagnóstico, ya que varios tipos de eccemas y dermatitis cursan con síntomas y signos muy similares a las infecciones por hongos.
Una vez diagnosticado, le indicará si puede utilizar el mismo fármaco o cual es el específico para su infección actual.
No, en el caso de que se produzca la remisión de los síntomas a los pocos días de aplicar el tratamiento, éste no deberá interrumpirse hasta que lo señale el especialista, ya que en caso contrario no se curara y tendrá una recaída.
La piel presenta, rojez, descamación, pueden aparecer pequeñas ampollas, se acompaña de picor y en ocasiones un característico mal olor. Las zonas más afectadas son los espacios interdigitales y la planta de los pies.
Se contagia fácilmente por la descamación de la piel, en ocasiones se realiza el tratamiento en ambos pies aunque la afectación sea unilateral.
En ambientes con calor y humedad, y alta concurrencia de público como duchas, vestuarios, baños, gimnasios, saunas, clubes, playas y piscinas. También nos podemos infectar por caminar descalzo por la casa o el jardín o al probarse calzado sin protección.
- Mantener una buena higiene personal.
- Secar muy bien después del baño o cualquier actividad en la cual se mojen o transpiren.
- Usar calzado de materiales naturales, evitando los de goma o fibras.
- No caminar descalzo en lugares públicos.
- Evitar compartir toallas, zapatos o prendas con otras personas.
- Si alguien de la familia padece la infección no caminar descalzo por alfombras y pisos de la casa.